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Por Jorge Andrés Zuluaga

Catalina Ospina y Juan Aristizábal son dos paisas que le deben mucho a Argentina. Allí vivieron durante tres años de su vida en pareja y en 2005 engendraron a su hijo mayor, Mateo Aristizábal, quien se convirtió en su inspiración para materializar un proyecto deportivo.

Club Deportivo Mateo Aristizábal fue el primer nombre que esta pareja le dio a su equipo de fútbol que fue creado hace 15 años.  Sin embargo, se les ocurrió que la mejor forma de hacerle un homenaje a su hijo y al barrio en donde nació era llamar al equipo como uno de los principales clubes de Avellaneda, el Racing Club.

Juan es un apasionado por el fútbol, jugó en las divisiones menores del América de Cali y fue quien convenció a Catalina de empezar a trabajar con jóvenes, pues quería inculcarles valores a muchos niños que estaban en las calles de San Antonio de Prado y no tenían un norte muy claro en sus vidas. “A mí no me gustaba el fútbol, pero al que no quiere caldo le dan tres tazas”, cuenta Catalina entre risas.

Itagüí fue la ciudad que eligieron para forjar talentos y ahora el club cuenta con 46 niños en sus filas y a la Medellín Soccer Cup vinieron con dos equipos en las categorías sub 18 y sub 11, en esta última juega Matías Aristizábal, el segundo hijo de la pareja.

Argentina y Colombia, dos países tan diferentes y tan distantes esta vez se unieron para darle vida a Racing FC de Itagüí, una escuela que busca ser una plataforma para formar futbolistas con valores que solo el deporte puede dar.