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Por Jorge Andrés Zuluaga

Johan Estiven Gómez nació hace 14 años en San Pedro de los Milagros, fue abandonado por sus padres y llegó al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. De entre todos los árbitros el que más admira es José David Cano, su padre sustituto.

“El arbitraje para mí es como un sueño”, dice Johan, que es un niño reservado, tímido y piensa unos segundos antes de dar cualquier declaración. Es alguien muy sereno que no toma decisiones rápidas y tal vez por eso fue que eligió la senda del arbitraje.

El sampedreño cursa séptimo grado en la Institución Educativa Marco Fidel Suárez y lleva aproximadamente ocho meses en la corporación de árbitros antioqueños Arbiantioquia, allí ha aprendido a impartir justicia y a lidiar con las inseguridades y las presiones a las que se somete un árbitro en su día a día. “Cuando me dicen cosas feas respiro y me concentro en el partido”, cuenta Johan.

Sus dotes como ilustrador también lo hacen un niño único. Le gusta hacer dibujos de Anime y de personas. En un futuro, además de ser árbitro, quiere ir a la Universidad y al mismo tiempo ser un gran artista.

José David Cano es su padre sustituto, lo adoptó hace aproximadamente un año y es él quien lo motivó a pitar ya que lleva 35 años de carrera y también hace parte de Arbiantioquia. Él le presta el uniforme y demás implementos necesarios para que Johan de sus primeros pasos hacia su gran sueño: ser árbitro FIFA.

“Es una obra que hago de agradecimiento a Dios por la vida que me ha dado”, cuenta José, que junto a su esposa tienen tres hijos biológicos pero decidieron adoptar a otros tres. El ICBF les entrega un bono de 360 mil pesos por niño cada tres meses y ellos se encargan de su alimentación, vivienda, educación y recreación.

El camino de Johan ha sido difícil, tanto como pitarle un penalti en el último minuto al equipo local. Él no eligió el camino de las gambetas y las ovaciones, sino el del silbato, el banderín y los alegatos de algunos futbolistas y fanáticos irracionales.