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Por Jorge Andrés Zuluaga

A Matías Silva Osorio no le gustaba el fútbol pero su padre lo motivó a jugar. Aunque siempre ha jugado como delantero, el equipo necesitaba un arquero y sus dotes de liderazgo lo llevaron a tomar la decisión de ser el guardameta del equipo sub 12 de Millonarios en la Medellín Soccer Cup.

Aquel niño bogotano nacido en 2009 le heredó a su padre el número 14 que lleva en la espalda y la capacidad de pegarle bien a la pelota desde la  media distancia, además adentro del camerino cumple un rol muy importante: “Matías siempre reúne al equipo para hacerles charlas motivacionales. Es una ayuda muy grande”, así lo cuenta Andrés Guzmán, su director técnico.

Cuando se para en el arco quiere emular las tantas atajadas espectaculares que Wilker Fariñez le regaló a los hinchas albiazules, él es su referente. Pero sin duda una de las personas que más admira es su prima Nicol, que juega como volante de creación y tiene 15 años. “La verdad es más posible que ella sea profesional”, dice sin sonrojarse.

Aunque sea hijo del mismísimo capitán de Millonarios FC, Matías siempre conserva la humildad y no se siente más que nadie. Al contrario, aprovecha a su padre para que motive a sus compañeros y les de consejos que los puedan ayudar a ser mejores futbolistas y mejores personas.

Si bien dice que es hincha de donde juegue su papá, su amor incondicional por el Embajador se siente cada vez que habla del equipo. Tan fuerte es su sentimiento que preferiría jugar en Millonarios que en el FC Barcelona: “Si Barcelona me ofrece 100 pesos y Millonarios 20 me voy para los 20 porque el azul es mi sangre”, concluye Matías.